Martes 11 de diciembre de 2007, por Administrador
Joan Barril
Nos cuentan que en La Moncloa están preparando documentos que fueron secretos para que el PSOE, ante las próximas elecciones, vaya hacia el centro. Los papeles lo cuentan como lo contaría un pirata después de haber encontrado el tesoro de la isla.
También en el PP existen sectores a los que les gustaría ir hacia el centro. Aunque todavía les tendremos que agradecer que mantengan a la extrema derecha bajo sus siglas, porque más vale perro ladrador a condición de que no muerda.
El caso es que las ideologías ya no nacen de la necesidad de las personas sino del cálculo de los dirigentes. Y ahora los papeles del PSOE aconsejan emprender la captura de unos cuantos votos perplejos. Superado el tiempo radical, Zapatero ha de centrarse.
Dicen los estrategas que en España siempre se acaba ganando con ese 5% de votantes indecisos que son sensibles al talante del centro. Se olvidan de la izquierda volátil, ahí donde ha crecido un votante joven que ya no duda entre izquierda y derecha, sino entre la izquierda y la abstención.
Ese voto escurridizo es el que le dio al PSOE la victoria tras los atentados. ¿Qué se ha hecho de él? ¿Alguien lo ha amarrado? En Catalunya, por ejemplo, ¿dónde ha ido la diferencia de votos entre los 1.300.000 de Zapatero y los 796.000 de Montilla? Son elecciones distintas, es cierto. Tan distintas como alejadas entre sí quedan las cifras. ¿Realmente es el centro el sumidero donde se han refugiado tantos abstencionistas?
Ya pueden ir redactando papeles. El electorado es más firme que el fango ideológico en el que se mueven los partidos. Poca expectación respetuosa logra infundir ese carnaval que empieza con el puño en alto y acaba luciéndose como el mal menor. La política no ha muerto, pero está delicada.