Martes 2 de octubre de 2007, por Administrador
Xabier Gurrutxaga
La hoja de ruta planteada por el lehendakari tiene dos rutas. Ha sido calificada como un auténtico laberinto a causa de los distintos escenarios que contempla; dependiendo de la suerte que corra la propuesta principal o “plan A”, para entendernos. Es decir, teniendo en cuenta el resultado que obtenga el ofrecimiento de pacto político hecho por el lehendakari al presidente del Gobierno español en torno a un doble compromiso.
El mayor defecto que presenta esta propuesta es su inadaptación a la coyuntura, lo que le hace perder toda viabilidad política. El ofrecimiento hecho al presidente del Gobierno se formula más bien al margen del realismo político. El lehendakari no puede ignorar que dentro de seis meses se van a celebrar elecciones generales en España. Y que, por razones que conoce y comprende el propio Ibarretxe, el actual presidente no está en condiciones de entrar a considerar la oferta realizada.
Y si tras los comicios renueva su cargo, tampoco restaría tiempo material para poder llevar algo serio al Parlamento y al Congreso antes de junio de 2008. No digamos nada si el presidente investido resulta ser Rajoy.
Es obvia la falta de viabilidad de la propuesta, pero no por su contenido. En este caso el pacto propuesto no puede ser rechazado en virtud de razones jurídicas. Pues lo que viene a solicitar, con base en el principio de democracia, es el respeto a la voluntad de la sociedad vasca y el compromiso de darle un cauce legal a la misma. Pura aplicación de la doctrina del Supremo de Canadá sobre el asunto Quebec.