EL SOCIALISMO NAVARRO
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Pernando Barrena José Luis Úriz Iglesias Cuando tomábamos
como modelo la experiencia de Irlanda (ahora los teóricos del MLNV se fijan
en Kosovo, un confín más resbaladizo), veíamos cómo los históricos acuerdos
de Stormont se producían después de largo tiempo de discretos contactos y
unos cuantos cafés (sería mejor decir tés) entre las figuras clave, John
Humes, David Trimble y Jerry Adams. Que la componente humana incidía, y de
qué manera, en la política; y para cultivarla
se necesitaba mucho tiempo hasta crear la confianza suficiente entre los
interlocutores. Nos preguntábamos entonces quién sería el Jerry Adams de
aquí. Y en mi opinión, una vez visto el fiasco de Otegi, todo apuntaba a
Barrena. Conocí a Pernando
Barrena en 1998 cuando él acaba de entrar en la Mesa Nacional de Batasuna. En
aquel momento tenía puesta mi atención en una figura incuestionable como
Patxi Zabaleta, y por eso no le presté demasiada atención. Posteriormente
coincidí con él la legislatura 1999-2003 en el Parlamento de Navarra.
¿Cuántas iniciativas se negociaron coincidiendo en un frente común contra la
derecha de UPN? Eran los tiempos en los que los planteamientos de izquierdas
parecía que se iban a imponer a los puramente nacionalistas en el seno de
Batasuna. Y me sorprendió la facilidad en concretar acuerdos. Tenían un grupo
parlamentario potente; desde el
propio Pernando pasando por Santi Kiroga, Félix Puyo o Mariné Pueyo. Con esta
última, una de las voces emergentes después de su debacle judicial, acordamos
con prontitud y máxima coincidencia la ley contra la violencia de género,
después de duros debates con una derecha (UPN y CDN) que se resistía a
cualquier planteamiento mínimamente progresista. Fue un cuatrienio muy
interesante en lo referente a la comunicación, personal y política, entre PSN
y Batasuna, que posteriormente se quebró por cambios en una y otra orilla. Esa relación que
empezó siendo puramente parlamentaria se fue convirtiendo en amistad. Cuántas
horas hablando de lo humano y lo divino. Disponíamos de un primer punto en
común, que su padre es un veterano militante del PSN (con el que coincidí en
un grupo crítico que batalló contra
Urralburu). Por eso, ante su desaparición del escenario político, me
pregunto: ¿es eficaz en el camino de la paz que exista ese grado de
comunicación y confianza entre ambas orillas? La respuesta es clara:
indudablemente sí. Y no sólo es eficaz, también es necesaria, imprescindible. ¿Es más eficaz realizar movimientos a corto, de cara a desactivar la dura campaña del PP y sus adláteres, o debiéramos plantearnos de manera estratégica este tipo de operaciones? Para evitar la victoria del PP, ¿resulta realmente rentable romper puentes construidos durante años de esfuerzo o sería más conveniente jugárnosla arriesgando? |