En homenaje a mi cuñado Jesús, con quien he estado estos últimos días contemplando cómo se apagaba su luz de hombre bueno, de los “aceituneros altivos”; de hombre sabio. Porque su maestría era la de conocer bien el poder de los elementos vitales, la tierra, el agua, el viento... Porque trabajó unido a ellos con el sol a sus espaldas
Antonio Ros Soler
Homenaje a un labrador
JESÚS GARCÍA TORRES
A mi casi hermano
Jesús García Torres,
hombre bueno, hombre sabio
De la tierra, tu materia raíz de tierno rizo
con la fuerza de mil puños de retama
y la luz de la amapola, tu cobijo;
en tus ojos sinceros, un haz de grama,
abrazando altivo a los tuyos, a tu amada,
a toda esa gente amable, a tu perro y a tu casa.
Del agua, tu mirada preclara alzando una atalaya
de decididos pasos, de colores vivos,
sobre esa hostil llanura de campos manchegos
reducidos de viñedos, sorteados de cebada,
que surco a surco supiste regar con peculiar estilo
y fabricar esa digna alfombra de madrugadas.
Del aire, tu indeleble capacidad de fortaleza
para aventar, ese huracán de maestría que empantanan
tus brazos incansables y tu doblada espalda dolorida,
tanto a la afligida cepa como al rudo olivo,
con el viento retorcido o la tenue brisa;
el equilibrio estable de tu grandeza humana.
Del cielo, Jesús, no te hizo falta nada,
pese al cuchillo blanco que siega el tallo
que hoy desparrama tu luz generosa y hortelana.
Todo nos lo dio tu amor a la tierra, al agua y al viento
y ese árbol de caricias tuyas de hombre sabio
que entregó más que sudor a esta villa toledana.
Unidos al arco iris y a la Naturaleza unidos.
El inseguro surco a surco de durezas que es la vida
alberga una alameda de cosechas de olivas y de vino,
tu entrega ensalzada por toda Villasequilla,
que supiste ramonear mientras quedaba tu rama herida
para que mañana sea fértil y grande su destino.
Villasequilla, Toledo, 30 de octubre de 2007