LAS ELECCIONES 2008 Y LA CALIDAD DE LA
DEMOCRACIA ESPAÑOLA
Mariano Nieto Navarro
La calidad de una
democracia depende de la educación cívica de los ciudadanos. Los ciudadanos
dignos de ese nombre son capaces de reconocer cuándo un partido ha sobrepasado
los límites admisibles de la ética y de la práctica política democrática. Y son
capaces de penalizar con su voto o con su abstención a quienes así hayan
actuado, por encima de la afinidad ideológica que les una a ese partido. Sólo
los analfabetos morales y políticos son capaces de un tal fanatismo ideológico
como para excusar cualquier actuación de "su" partido, por muy abyecta que esta haya sido, y seguir votándole. Sólo quien
tiene un mínimo de educación cívica y democrática es capaz de entender que el principio
moral de que el fin no justifica los medios es un principio absoluto, a pesar
de todo lo escrito y todo lo hecho por todos los maquiavelos
que en el mundo han sido. Esta es la base de la alternancia democrática: una
cierta cantidad de ciudadanos son capaces de cambiar el sentido de su voto, o
de quedarse en casa, cuando el comportamiento de un determinado partido se
considera perjudicial para los intereses generales. Mucho más cuando dicho
comportamiento rebasa los límites de la ética más elemental. Así pasó cuando el
PSOE fue penalizado por algunos de sus electores por su actuación con los GAL y
la financiación irregular vía FILESAs.
En las elecciones 2008 parecería que el PP habría sido penalizado por el
electorado, pues ha perdido los comicios. Pero no ha sido así. El PP ha subido
en número de votos y escaños. Sólo la concentración masiva del voto de
izquierdas en el PSOE ha permitido la derrota del PP a costa de la casi
desaparición de IU y ERC. Los que votaron al PP en 2004 han seguido haciéndolo
en
Esta es una muy mala noticia para nuestro país. Porque significa que todavía
hay demasiados analfabetos morales y políticos entre la ciudadanía. Quizás por
eso el PP se opone con tanta vehemencia a la asignatura de Educación para la
Ciudadanía. Porque un ciudadano educado, por muy de derechas que sea,
difícilmente puede convalidar con su voto unos comportamientos como los que
hemos visto por parte del PP en la pasada legislatura. Y solo por una
ignorancia moral, únicamente explicable por tantos años de franquismo, se puede
entender que tanta gente confunda fines con medios, principios absolutos, como
dignidad y respeto, con conceptos relativos, como prestigio o libertad de
expresión.
El nivel de formación moral y política de la población española que se colige
del resultado de las elecciones no puede ser más desalentador. Porque, por lo
que sé, no se circunscribe únicamente al electorado de derechas.
Yo he escuchado de boca de un socialista histórico,
presidente de un colectivo supuestamente empeñado en la regeneración
democrática del PSOE, cosas tan ignorantes como que "el respeto hay que
ganárselo", en el sentido de que, para no ser insultado, habría que hacer
méritos. Se confunde respeto (al que todo el mundo es acreedor por el hecho de
ser persona) con prestigio (que ese sí se lo tiene que ganar cada uno). Se
confunde el respeto debido a cualquiera con la ley del más fuerte, propia de
las pandillas pre-civilizadas. En la misma línea,
otros socialistas consideran que Zapatero ha sido demasiado "blando"
con Rajoy y que debería haberle respondido con sus
mismas armas. A estos les hubiera parecido justificable que Zapatero hubiera
utilizado también la descalificación, el insulto o la burla para con Rajoy, llamándole, por ejemplo, cosas tan sublimemente
ingeniosas como Maria-No, paranoico o reyezuelo destronado. El "juego de
la lucha política", la "legítima defensa", la "libertad de
expresión", la "ironía y el ingenio necesarios" darían una pretendida
cobertura moral a este inaceptable comportamiento. Y, tristemente, ¿a lo mejor
hubiera proporcionado más votos al PSOE?.
Aunque Zapatero ha huido siempre de esa tentación, incluso acuñando el eslogan
"frente a cada insulto, una propuesta; ante cada exageración, una
sonrisa", algún destacado dirigente socialista como Felipe González se
dejó arrastrar por ella en el fragor de la campaña electoral, llamando imbécil
a Rajoy. A pesar de que muchos socialistas pedían a
Zapatero una mayor "beligerancia" y más "nervio",
afortunadamente el Secretario General ha logrado imponer su educación
moral y política, de forma que el insulto y la descalificación no han sido la
tónica general entre los dirigentes de este partido, como sí lo ha sido entre
los dirigentes del PP.
Porque no es sólo, con ser mucho, que la
descalificación, la ridiculización o el insulto sean moralmente inaceptables en
democracia; es que, además, enfangan la controversia política hasta hacerla
completamente estéril. Y en ese fango, el decente está siempre en desventaja.
Como bien decía José Luis Coll, no se puede combatir
a un imbécil con sus mismas armas: el imbécil lo es casi siempre desde la
cuna, tiene muchísimos años de práctica, de manera que el sensato llevará
siempre las de perder si intenta jugar en el campo de aquel.
Hace falta mucha cultura en este país, mucha educación para la ciudadanía,
mucho aprendizaje democrático, para que los electores puedan identificar de primeras que se están violando los límites inexcusables
en democracia y abandonen masivamente el sectarismo en sus posturas para
penalizar con su voto o abstención a quien así actúa. El fundamentalismo no es
sólo cosa de los ayatolás: lo tenemos aquí entre
nosotros, en la puerta de al lado. Debemos luchar personalmente para que al
menos en nuestro entorno no se toleren estos comportamientos. Hay que ser
intolerantes con el infantilismo y la ignorancia ética y política que no son
sino la otra cara del sectarismo y el fanatismo.
Texto recibido el 21 de marzo de 2008 VOLVER A LA PÁGINA ANTERIOR
Mariano
Nieto Navarro
Leo
con perplejidad este análisis de la situación política poselectoral,
que finaliza con el diagnóstico de que “habitamos en una sociedad sin
fuelle”.
De acuerdo con el autor, el tratamiento para esta enfermedad sería
“expulsar con todas nuestras fuerzas el lastre de la charlatanería”
y buscar “en el área de lo inefable”. Si no lo entiendo mal, según
Miguel Ángel Múgica, el lenguaje nos constreñiría o nos determinaría de tal
forma que nos impide encontrar soluciones a nuestros problemas.
Debemos despojarnos por tanto de las anteojeras del lenguaje y formular
propuestas más allá de las palabras. Expulsando “el lastre de tabúes y
estereotipos” encontraremos remedios en el área de lo que no se puede
expresar con palabras (= lo inefable). De acuerdo con lo anterior, ¿propone el
autor que en Democracia Cívica nos dediquemos a la música o a la pintura? ¿o más bien sugiere que nos dediquemos a la "acción
directa" en la calle?
Sinceramente, no entiendo cuál sería, a partir de este escrito, la “línea
de DC” que propone Miguel Ángel Múgica. Tampoco entiendo qué tiene que
ver todo esto con los objetivos declarados de Democracia Cívica. Como dice el
autor: “vivimos en la nada y en el despropósito”.
Texto recibido el 23 de marzo de 2008 VOLVER A LA PÁGINA ANTERIOR