Resonancias del cretáceo

 

El Partido Popular ha venido empollando embriones de seres antediluvianos que han roto el cascarón con afiladas garras, saliendo a la palestra nacional a reivindicar, hasta ahora sólo con puños y palos de sus banderas rojigualdas, su exclusivo solar patrio

 

FERNANDO RUIZ CERRATO

 

La murga por la implantación de un AVE de hierro ha despertado del letargo a fósiles de titanosaurios que aguardaban la eternidad en territorios conquenses desde sus ochenta millones de años de existencia. Cocodrilos y tortugas gigantescas, criaturas aladas de dimensiones exorbitantes, reptiles ciclópeos han habitado municipios cercanos por los que ahora pretende transitar un ingenio mecánico de velocidad del rayo y de tamaño igual de imponente que los seres antediluvianos.

 

Una moderna ave este tren de Alta VElocidad que pasado no tanto tiempo será igualmente tachada de antigualla, cuando no codiciado pasto de descubrimientos fortuitos; y que sin embargo hoy, por fútiles motivos, levanta furibundas polémicas y acaloradas diatribas entre gestores y gestionados. Si los seres antiguos se afincaron de manera natural en sus predios hasta que, dicen, un enorme meteoro los desintegró en su impacto contra el globo terráqueo, estos sucedáneos mecánicos se implantan artificiosamente horadando montañas y salvando valles por medio de espectaculares mecanos de hormigón. Esto es una historia.

 

Otra historia es la que habla también de nuestro regreso al paleolítico ante la reaparición de una especie imposible de extinguir al parecer, y que se muestra mucho más amenazadora que el más temible de los dinosaurios. En esta ocasión la murga lleva creando ambiente desde el día posterior al de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004.

 

Una charanga bullanguera y gritona que, al cabo de treinta y dos años de la muerte del dictador Franco, de cumplirse el trigésimo aniversario de las primeras elecciones en libertad, y a doce meses de que se celebren los tres decenios de la promulgación de nuestra actual Constitución Española, que debiera ser la garantía en un marco de convivencia entre los españoles, ha hecho retornar un género de dinosaurios que se creía extinguido como consecuencia del paso contundente del tiempo y de la propia dinámica generada por la vida en democracia.

 

El Partido Popular, registrado en el Ministerio del Interior como una formación política democrática, ha venido empollando embriones de seres antediluvianos a lo largo de esta legislatura para conformar y extender una peligrosa partida que le sirviera de cobertura en momentos cruciales de su caminar político. Y ahora esos pollitos, crecidos al calor de proclamas patrióticas ante fracturas imposibles de la patria, han roto el cascarón con afiladas garras y hocicos picudos y han salido a la palestra nacional a reivindicar, hasta ahora sólo con puños y palos de sus banderas rojigualdas, su exclusivo solar patrio, que alcanza como se sabe a todo el perímetro del Estado.

 

Ahora, en los umbrales de una nueva cita electoral, los mandamases de la derecha pretenden variar su actitud apocalíptica al dictado de su guru mediático, aspirando así a convencer a esa parte de la ciudadanía —conservadora y en parte desideologizada, sí, pero harta de que le amarguen cada mañana la vida con el diluvio universal y, por tanto, posible voto abstencionista del PP— que les pueda aupar al poder perdido por sus embustes y patrañas. Para ello han de moverse en el alambre como el más excelente equilibrista, restringiendo por un lado el alimento a la hidra de la AVT e intentando por otra parte no exasperar al ayatolá de las ondas episcopales y sociedades análogas.

 

Peliaguda cuestión. Se ha echado tanta carnaza a la bestia que ha crecido desorbitadamente, y su desmesura no tiene freno. Los ojos que quieran ver habrán notado la fiereza de aquellos que significativamente agredieron de palabra y casi de obra al concejal socialista Pedro Zerolo en un acto convocado ante las puertas del Palacio de Comunicaciones en homenaje a los dos guardias civiles asesinados por ETA.

 

De igual forma actuó el grupo de exaltados que llamó “traidor” y “sinvergüenza” al presidente Zapatero al término de uno de los funerales, mientras esos mismos patriotas aclamaban con entusiasmo a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y vitoreaban a Mariano Rajoy. Parecidos comportamientos los empleados por esos energúmenos al conmemorarse el Día de la Constitución en el Congreso de los Diputados, insultando y abucheando a los socialistas cuando accedían a la sede de la Carrera de San Jerónimo.

 

Los criminales etarras han vuelto a matar; y con ello han regresado tristemente las circunstancias en las que en los años ochenta se desarrollaban las ceremonias funerarias por esas víctimas —cientos entonces—. Unos actos en los que responsables del Gobierno socialista de la época —González, Barrionuevo, Narcís Serra y tantos— eran los destinatarios de los ataques de la caverna, culpabilizándoles de tan atroces crímenes.

 

Ahora, igual que antes, aparecen, crecidos, los del brazo enhiesto para retornar a la prehistoria. Con dos diferencias: la primera, un lapso de tres años y medio sin muertes y con una organización terrorista enormemente debilitada (desde el 30 de mayo de 2003, en que los mercenarios de ETA asesinaron en Navarra a Julián Embid Luna, funcionario de policía, hasta el 30 de diciembre de 2006, con la bomba colocada por la mafia etarra en la T-4 de Barajas, que causó la muerte a dos jóvenes ecuatorianos).

 

Y la segunda, que en tiempos de Aznar al frente del Gobierno de España, en los que se produjeron 68 asesinatos de ETA, nunca se culpó al presidente ni al Ejecutivo del PP de esas muertes. Mucho menos se le insultó, e incluso no se le criticó cuando evitaba ir a los funerales, como en el caso del magistrado José María Lidón, al que sí acudieron todas las fuerzas y personalidades políticas, incluido José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Éstas son las diferencias entre la grandeza de unos y la miseria de otros. Queda, por tanto, aguardar esperanzados a que la vuelta al cretáceo que desean algunos sólo nos traiga amarillentos fósiles de dinosaurios.

 

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